Reflexiones sobre el alma organizacional desde COLOMBIAMODA
Por: José Gabriel Tafur / Juan David Ortega
En este a “Cuatro Manos”, tomaré la palabra, después de haber conversado con José Gabriel sobre mi experiencia en COLOMBIAMODA 2025. Confieso que llegué a Colombia Moda por primera vez con una pregunta incómoda rondando mi mente. Invitado a la pasarela de la marca SAKE The Sake Project , me sumergí en ese vibrante epicentro de la moda latinoamericana, un fenómeno social fascinante. Sin embargo, mientras caminaba entre rostros con maquillajes arquitectónicos y atuendos de una extravagancia meticulosa, no podía evitar interrogarme: ¿Qué hace aquí un humanista que escribe sobre sostenibilidad, en medio de un espectáculo que, en apariencia, celebra lo efímero?
El sorprendente manifiesto de silencio y sentido
Entonces, entré al recinto de la pasarela de SAKE, y todo cambió. El aire mismo era diferente, impregnado de un aroma particular que invitaba a la calma, a bajar las revoluciones. Y comenzó el desfile. En un acto de valentía radical, la pasarela transcurrió en un silencio casi absoluto. Los pasos de las modelos eran pausados, deliberados, tranquilos. No había una banda sonora estridente que dictara el ritmo, solo la cadencia de la moda diferente y la presencia de quienes las portaban.
El público, contagiado por esa atmósfera, permanecía absorto, en un silencio respetuoso que no era vacío, sino lleno de atención. La propuesta de Ana Tafur , la diseñadora detrás de la marca, se alzaba como una exhortación susurrada en medio de un griterío. Sus diseños, sencillos y elegantes, no gritaban para llamar la atención; simplemente eran. Fue una lección magistral: el verdadero valor no necesita hacer ruido. La propuesta de SAKE era, en sí misma, una pregunta al espectador sobre qué es lo verdaderamente sostenible, no solo en los materiales, sino en la forma de estar en el mundo.
El eco de una emoción oculta que sale a flote
Este vibrante teatro de las apariencias, esta necesidad tan humana de ser vistos y validados, inevitablemente nos invita a reflexionar sobre las corrientes emocionales que gobiernan nuestra vida social y, por supuesto, nuestras organizaciones. Una de las más poderosas, y quizás la más negada, el deseo profundo de poseer lo que el otro tiene y yo no. Cuando la lógica imperante es la comparación constante, ¿cuánto de lo que hacemos, vestimos o proyectamos está impulsado por el deseo de poseer lo que otro tiene, o de provocar ese mismo anhelo en los demás?
El sociólogo Helmut Schoeck (1969) argumentaba que la envidia es una fuerza social fundamental, capaz tanto de impulsar la emulación como de paralizar con su negatividad. La pasarela silenciosa de SAKE parecía operar fuera de esta lógica comparativa. Su valor no residía en ser «más que» otros, sino en ser fiel a sí misma. Esta compleja emoción, la envidia, y su profundo impacto en la colaboración, la confianza y la cultura dentro de nuestras empresas, es un tema que sin duda merece su propia y profunda exploración en un futuro texto.
Ante esto, la coherencia es imperante
La disonancia que sentí al principio, entre el discurso de una industria que cada vez habla más de sostenibilidad y las prácticas de hiperconsumo que a menudo la sostienen, resuena con un concepto fascinante de los estudios organizacionales: la esquizofrenia organizacional. Este término describe un estado patológico en el que existe una fractura radical entre lo que una organización dice (sus valores, su misión, su imagen pública) y lo que realmente hace (sus operaciones, su cultura interna, sus métricas de éxito) (Fernández Aguado, 2010)
Una empresa puede tener un espléndido reporte de sostenibilidad (el decir) mientras presiona a sus equipos con metas que incentivan prácticas insostenibles (el hacer). Es una falta de integridad sistémica que genera cinismo, desconfianza y agotamiento. La experiencia en la pasarela de SAKE fue tan impactante precisamente porque representó un momento de profunda coherencia. El mensaje (sostenibilidad, calma), el medio (una pasarela silenciosa y pausada) y el producto (prendas atemporales y sencillas) estaban en perfecta armonía. Fue un antídoto contra esa esquizofrenia sistémica.
La sostenibilidad proviene del ser
Mi pregunta inicial encontró su respuesta en el silencio. Ser un humanista en espacios como COLOMBIAMODA no es una contradicción, es una necesidad. Es la labor de buscar y amplificar esas voces que nos recuerdan que la verdadera sostenibilidad no reside solo en los materiales reciclados o las cadenas de producción éticas, sino en una forma más coherente y serena de ser y de estar.
El desafío para nuestros líderes y organizaciones es el mismo: ¿cómo silenciamos el ruido de la comparación y la apariencia para escuchar nuestra propia voz? ¿Cómo sanamos la fractura entre nuestros valores declarados y nuestras acciones diarias? Porque al final, la organización más sostenible será siempre la más coherente.
Referencias
Schoeck, H. (1969). Envy: A theory of social behaviour. Harcourt, Brace & World. https://www.libertyfund.org/books/envy/
Fernández Aguado, J. (2008). Patologías en las organizaciones. Editorial Almuzara.
